Fin de Año


Nochevieja pintaba peor que Nochebuena. Estábamos mi amiga y yo solas, mi novio había vuelto a España, y nuestro plan era cenar como una noche cualquiera y quizás beber con sus compañeros de piso. 

La tarde de antes uno de los amigos de mi novio me habló para que cenáramos juntos en la misma casa de las amigas de mi novio, igual que en Nochebuena. Parecía que la cosa iba a mejor.

Esta vez se me ocurrió que era mejor idea que cada uno llevásemos algo para comer todos en vez de poner dinero y que unos se dieran la matada cocinando. 

El chico que me habló para ir trabajaba todo el día 30, así que le dije que mi amiga y yo llevaríamos cosas contando con él. Hicimos dos tortillas de patata, llevamos jamón serrano, turrón, cervezas, paté y piquitos, queso.... Y los dueños de la casa habían hecho alitas de pollo al horno y no sé qué más. Todo buenísimo. 

Habíamos quedado a partir de las 19:00. A las 20:00 éramos cinco personas y el chico que me había dicho que fuera decidió que era mejor plan pasar la nochevieja con su camello que con sus amigas. Sí, me cambiaron por un camello y encima me contó una sarta de mentiras... patético.

Así que ahí estábamos cenando mi amiga, la amiga de mi novio, su novio, una amiga de la amiga de mi novio y yo. Después jugamos a Mafia -si no lo conocéis, haced algo- y a el Lobo -lo mismo os digo-. Y ya cuando dieron las 23:45, hora local, decidimos buscar algún canal en el que dieran las campanadas. Sí, amigos, me comí las uvas con la RTVE Canarias.

Desde el balcón de la casa vimos los fuegos artificiales del Big Ben y la botella de champán se abrió sola. Después continuamos jugando a juegos de mesa hasta que las tres de la mañana decidimos que era hora de volver a casa. 

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